La Unidad: Nuestro Proyecto

November 29th, 2012
by Jean Ivan Cortes

En esta primera oportunidad de dirigirme a los lectores de la revista Voice, quisiera inicialmente dar gracias a Dios por el regalo de volver a este hermoso lugar y compartir la vida y misión con su gente.

Quiero presentarme: Mi nombre es Jean Iván Cortés Baltodano, Misionero Claretiano. Sin embargo en este lugar prácticamente sólo me conocen por el segundo nombre: Iván. En octubre de 2003 fui Ordenado de Diácono en Roatán; y ahora, con ya casi nueve años de ser Sacerdote, vuelvo para continuar, como Párroco, el buen trabajo de mi hermano Fredy Cabrera, quien ha sido destinado a El Salvador con la posibilidad de viajar luego a estudiar una Maestría y Doctorado en Teología Bíblica en Madrid. A él mi agradecimiento y admiración por su esfuerzo y entrega generosa. Que Dios le bendiga abundantemente.

Al volver a las Islas de la Bahía hago y me hago una propuesta en doble vía, no porque no se haya vivido, sino porque siempre es importante renovarla todos los días. Es una propuesta ad intra y ad extra de la Iglesia Católica. Ambas, como no puede ser de otra manera, quisiera inspirarlas en un texto que el evangelista Juan nos ha legado:

“No sólo ruego por ellos -[los discípulos de Jesús]-, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras. Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17,20-21)

Ad intra de nuestra Iglesia Católica la unidad no sólo puede ser “unidad doctrinal,” sino y más profundamente aún, “unidad existencial.” Se trata, pues, de una experiencia profunda que le da sentido a nuestra vida porque – en el caso cristiano – le marca un camino a transitar como Seguidores de Jesús de Nazareth en Comunidad.

Una unidad que se basa en la fraternidad y solidaridad, en el cariño, en la comprensión y confianza mutua, en la aceptación de todas y todos como lo que somos: aunque limitados, pero hijas e hijos de Dios Padre y Madre. Hablo de una unidad que sea creíble por aquellos que comparten la vida con nosotros; una unidad que, incluso, anime a que otras personas también deseen compartir nuestro estilo de vida.

Todos estos valores constituyen, indiscutiblemente, un precioso pilar de la unidad. No hablo una unidad que quiera ocultar nuestros límites, sino de una unidad que desde el amor, desde el cariño y comprensión mutua, nos anime a todos a superarlos.

Para esto, hemos de saber comunicarnos y comportarnos, buscando las mejores palabras y gestos para con los hermanos y hermanas. Este tipo de unidad, pues, se vuelve un “proyecto personal de crecimiento humano y cristiano,” porque, insisto, le brinda sentido a la vida nuestra y de quienes nos rodean. En fin, es la unidad trinitaria, del Padre, del Hijo y del Espíritu, que se unen para suscitar en nosotros lo mejor de nuestra persona y hacernos profundamente humanos en el amor.

Sólo si caminamos unidos en este sentido podríamos disfrutar de la fe y, de esa forma, darle verdadera gloria a Dios Padre y ayudar a que el mundo crea en Jesús de Nazareth como enviado del Padre.

En los días 30 de noviembre al 2 de diciembre celebramos nuestra Asamblea Parroquial, a la que asisten personas de las tres islas para evaluar nuestro caminar, constatando nuestras luces y sombras, y proyectando con fe y esperanza aquellas acciones y vivencias que nos permitan avanzar en este gran objetivo que el Señor mismo nos propone: unidad. Por ello, otro pilar de la unidad es la organización y planificación en conjunto, donde sobresalen el respeto mutuo, la armonía, el sacrificio, la oración y el crecimiento espiritual como elementos de este segundo pilar de la unidad.

Ad extra de la Iglesia Católica, permítanme con humildad ofrecer simplemente todo lo que esté de mi parte para que un día podamos compartir, ojalá en un ambiente plenamente ecuménico o interreligioso, los grandes valores y principios de quienes intentamos inspirarnos en Jesús de Nazareth. Esto nos ha de llevar a encontrarnos y, por qué no, a pensar en acciones en conjunto que ayuden a las autoridades isleñas y animen a toda la población a asumir un estilo de vida más coherente con Jesús de Nazareth, porque, en principio, ¡en esto sí podemos estar de acuerdo!

En el fondo, es poner no nuestra doctrina sino nuestros valores y principios jesúanicos al servicio de las personas de nuestras queridas islas como muestra de que el Señor ha venido “para que tengan vida, y la tengan en abundancia.” (Jn 10,10)

Es respetarnos mutuamente, sin ánimo de “adoctrinarnos” o “retarnos” a justificar nuestra fe, pues la misma sólo se expresa en el amor con que nos tratamos y no en si sabemos más, o menos, respecto de la Biblia. La Palabra de Dios es para encontrarnos con El. ¡Qué lástima si la Palabra de Dios se convierte en instrumento de desunión de quienes la tenemos como inspiración para nuestra vida! Porque quienes creemos en Jesús de Nazareth como criterio central de nuestro actuar, aún con nuestras sombras, estamos invitados a ser “sal y luz de la tierra.” (Cfr. Mt 5,13-16)

Por ejemplo: La lógica, comprensible y aceptable dispersión popular, en cuanto a opiniones políticas, que las transcurridas elecciones nos han presentado, a mi parecer, convendría ser cubierta por una sólida capa de unidad que garantice y exprese que la vida de nuestro pueblo es y sigue siendo lo más importante para todas y todos. Aprovecho para saludar y felicitar en nombre mío y de la Comunidad Católica de las Islas de la Bahía a quienes el voto popular ha delegado para representarles en las próximas elecciones.

Ahora bien, hemos de ser consciente que ante la variedad ofertada en el tema político, los cristianos y las cristianas estamos llamados a presentar también la variedad de valores y virtudes que practicamos y que le dan sentido a nuestra vida. Por ello, nuestra unidad tiene que ser también racionalmente axiológica (del griego “valor”), es decir, una unidad en la que la razón nos indique los valores que hemos de ir asumiendo y los antivalores a los que debemos renunciar.

Finalmente, agradezco a la revista Voice su generosidad al permitirme ofrecer estas líneas a todas las personas de las Islas de la Bahía, y deseo que el ya próximo ambiente navideño nos ayuda a unirnos en torno a la alegría y la esperanza, y no en torno al consumismo que suscita este tiempo en no pocas personas. Que la pronta celebración del recuerdo del nacimiento de Jesús de Nazareth nos anime a todas y todos a asumir su propuesta de vida y completar así en las Islas de la Bahía el hermoso paraíso que ya Dios, en la naturaleza, nos ha legado. De mi parte, mi cariño y respeto para todas y todos, y mi disponibilidad para servirles según mis pobres posibildiades. Que Dios les bendiga siempre!

Comments (0)

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.